Ir al contenido principal

Opinión

Mi problema con Twitter 

Por Israel Flores Gtz

Recuerdo que por 2010 comencé a explorar a fondo el mundo en línea, en ese año creé cuentas en varias redes sociales como Hotmail, Facebook e incluso Myspace, lo importante era estar conectado y a la vanguardia de mi círculo social. 

En esa época también se transmitía a las 6 de la mañana por Warner “The Ellen Show”, me gustaba verlo por el carisma de Ellen DeGeneres y las dinámicas que solía tener con sus invitados. En sus programas también llamó mi atención que siempre estuviera promocionando su cuenta de una red social “nueva” llamada Twitter, al parecer quería romper un récord de seguidores o algo por el estilo, además de que ella decía que podías contactarla directamente a través de esa red social. Fue así como me enteré de esta red social y por supuesto que lo primero que hice fue seguirla y mandarle algún tuit que ahora no recuerdo. 

Era una red social bastante simple por aquella época, la idea era escribir un pensamiento en 140 caracteres, la persona que viera el tuit le podía dar retuitear para que apareciera en su perfil o fav para indicar que le había gustado, incluso el contenido de los usuarios era bastante simple, había tendencias como #escribeelnombredeunapelículaconplátano y discusiones del tipo de dale fav a este tuit si crees que The Beatles es mejor que Wisin y Yandel. Nadie pretendía nada, pero era obvio que por la forma en que la app estaba diseñada, la rapidez en la que viajan los tuits y la audiencia masiva que alcanza su potencial era mucho mayor. 

Aquí es cuando entramos a los inicios del Twitter que conocemos hoy en día, en donde los usuarios se convierten en activistas de diversas causas a través de tuits masivos para dar a conocer su descontento u opiniones sobre algún tema en específico, los primeros ejemplos los pudimos ver en la denominada “primavera árabe”, donde varias protestas eran organizadas por medio de la red social, México no fue la excepción y para el año 2012 los usuarios estuvieron bastante activos durante las elecciones presidenciales, teniendo su momento cumbre con el movimiento #YoSoy132 en contra de la exposición mediática que estaba teniendo el entonces candidato a la presidencia Enrique Peña Nieto.

Fue ese el punto de quiebre para la red social, a mi juicio y a nivel nacional, porque a partir de allí las personas comenzaron a politizarse cada vez más, a informarse y sobre todo a opinar. Incluso yo a mis catorce años estaba muy activo escribiendo tuits sobre los candidatos presidenciales, llegando a escribir hasta 60 tuits por día, pero lo importante aquí es ¿qué clase de tuits? Tengo que decirlo, a mis catorce años mi juicio y visión política era bastante limitada, ni siquiera tenía la edad para votar, no había rigor académico y no habría porque tenerlo, después de todo una persona solo va a Twitter a escribir su sentir. 

Como toda red social, el objetivo de Twitter es que pases tiempo en su aplicación, entre más tiempo pases, más posibilidades hay de que un anunciante se interese en poner su publicidad lo que al final genera más ganancias para la plataforma. Es una ecuación sencilla, entonces las decisiones que tienen que tomar los ejecutivos giran alrededor de la siguiente pregunta: ¿cómo hacer más interesante para el usuario nuestra plataforma? Fácil, enseñar contenido que les pueda interesar a partir de los tuits que les gustan. 
Bien, aquí tenemos elementos que son dinamita pura: Los tuits se manejan a través de likes y retuits, las personas tienen seguidores, lo que quiere decir que una persona con más seguidores llegará a una audiencia más grande que una con menos, tenemos a adolescentes de catorce años y personas en general tuiteando su sentir, también está Twitter segmentando los tuits para enseñar solo los que pueden interesarte, por lo que solo eres capaz de ver una pequeña parte de la realidad. Si tomamos estos elementos y los mezclamos, entonces tenemos a millones de usuarios tuiteando su sentir, un tuit con más me gusta es también más verdadero para los usuarios que uno con pocos me gusta, ya que es más probable que refleje el sentir de una persona y el ver que tiene miles de me gusta la lleva a sentirse aceptada y comprendida, entonces los algoritmos toman estos datos y muestran tuits similares que llevan a afirmar estas emociones, sin tomar en cuenta el contenido de estas, y esto se complica más cuando vemos que en este tipo de redes sociales el contenido de odio y agresión suele enganchar más a los usuarios que cualquier otro, imposibilitando el diálogo, todo esto mientras Twitter gana dinero. 

Nadie cuestiona el valor comunicativo que tiene la red social, hemos visto su potencial, tanto para visibilizar problemáticas como para organizar protestas, así como a la hora de democratizar las opiniones y de hacer valer la libertad de expresión, pero no quiere decir que todo sea miel sobre hojuelas y hoy más que nunca hay que cuestionar el contenido que consumimos, sobre todo en la época de las fake news donde la espectacularidad brilla mucho más que lo informativo y también cuestionarnos como generadores de contenido, porque queramos o no somos generadores de contenido y con ello hay una responsabilidad al opinar públicamente sobre una temática. 


 

Comentarios